Refugio en reserva natural de la sociedad civil

De los 3 lotes comprados a Fenalce, en la parte alta de dos de ellos, El Rincón y La Tira, había un parche de roble, Quercus humboldtii, de aproximadamente 5 fanegadas. El robledal no tenía una cerca que lo aislara del pastoreo, y los animales domésticos entraban y salían libremente, destruyendo el sotobosque.

El sotobosque es la vegetación que crece debajo de los árboles y está formada por plantas herbáceas diversas, por chusque, y por brinzales, latizales y fustales, que son los estadios de renuevo de los árboles del bosque, provenientes de semillas llevadas por dispersores. Si estos renuevos no existen, el bosque está condenado a desaparecer. También había lamparones, áreas deforestadas por tala selectiva, para suplir de leña a las industrias familiares de almojábanas del municipio, pues existía la creencia de que las almojábanas asadas con leña de roble quedaban más sabrosas. Era imperativo cercar el robledal para protegerlo, y así lo hicimos.

Solicitamos asesoría al Inderena para recuperar el robledal, y su director, Rafael Figueroa Figueroa, comisionó al director de Prideco, Miguel A. Ceballos, para que inspeccionara y recomendara lo que se debía hacer. El ingeniero forestal Ceballos, ante la dificultad de conseguir plantas nativas, incluido el roble, a inicios de los años 80, recomendó recuperar el robledal con Pinus patula, especie que había conocido en México y que para entonces ya se conseguía en viveros, tanto oficiales como privados. Afirmó que era una planta poco exigente en cuanto a suelo, de excelente anclaje, raíces profundas, rápido crecimiento y formadora de suelo.

Al profesor de Ciencias Agropecuarias don Carlos Quevedo, gran amigo y vecino en Tunja, y una autoridad en el tema, le comenté la recomendación del ingeniero Ceballos de recuperar el robledal con Pinus patula. Me dijo que, si iba a hacerlo, debía micorrizar los pinos antes de sembrarlos para que tuvieran buen desarrollo. Que para ello debía recoger un poco de tierra de un pinar adulto y sano, diluirla con agua corriente y usarla para regar las bolsas de las plántulas quince días antes y la víspera de la siembra. Me dijo que él me acompañaría a donde su hermano Edmundo, para solicitarle una pequeña cantidad de tierra de sus pinares.

Así lo hicimos, y el éxito en el desarrollo de los pinos fue tal que algunos alcanzaron 30 metros de altura, mientras que en el sector de Cataquirá, unos pinares no micorrizados no pasaron de 5 metros de altura.

A propósito, el suelo es un elemento vivo, rico en bacterias y hongos nitrificantes, rizobios y micorrizas, con los cuales las plantas establecen relaciones de simbiosis: la planta les proporciona hidratos de carbono, y los nitrificantes toman nitrógeno del aire y fabrican cadenas nitrogenadas cortas que las plantas utilizan. Los excedentes se fijan en las raíces, y cuando estas mueren, los nódulos nitrogenados quedan a disposición de la planta que hizo la simbiosis o de las plantas que crecen a su alrededor. Se dice que el 98% de las leguminosas hacen simbiosis con rizobios y el 2% con micorrizas. A su vez, el 98% de las plantas no leguminosas hacen simbiosis con micorrizas y el 2% con rizobios.

Cuando se utilizan abonos orgánicos para la siembra de especies forestales o para el cuidado de los cultivos, el suelo se enriquece de lombrices, coleópteros, ciempiés y otros organismos que constituyen la fauna edáfica. Cuando se utilizan abonos químicos, en cambio, se generan condiciones que afectan esta fauna, y el suelo sufre un deterioro progresivo, un empobrecimiento que obliga a aplicar cada vez más abonos químicos y hace la producción cada vez más onerosa. Es entonces cuando el campesino dice que "el suelo se cansó". Si se aplicaran abonos orgánicos, no habría deterioro del suelo, y la producción de los cultivos mejoraría cada vez más: "el suelo no se cansa".

En el 2002, luego de afiliarnos a Resnatur, Asociación Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil, y de registrar a Rogitama en la Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales Naturales (UAESPNN) —la primera reserva registrada en Boyacá—, empezaron a llegar propietarios y/o administradores de fincas interesados en conocer nuestro proyecto para replicarlo. Con frecuencia se escuchaba decir a algunos visitantes que "era una estupidez sembrar pinos dentro del robledal" y que "los pinos debían talarse". Consideraban que los pinos resecaban el suelo, lo acidificaban, y que por fenómenos alelopáticos no crecía nada debajo de un pinar. Al final del recorrido, algunos reconocían que estaban equivocados, porque habían visto sobre el terreno que debajo de los pinos sí crecía una vegetación exuberante; sin embargo, según lo que habían escuchado, consideraban que al menos al comienzo había que sembrarla. Habían notado el suelo fresco y con rasgos de humedad.

En realidad, las hojas de los pinos tienen forma de aguja, y esa disposición tiene la finalidad de disminuir la superficie foliar y reducir la pérdida de agua por evapotranspiración. En cuanto a la acidificación del suelo, no representa un problema, pues los bosques andinos prefieren suelos ácidos; solo se requieren correctivos si se van a sembrar otros cultivos. Y la apariencia de que nada crece debajo de un pinar se debe al espesor de la capa de acículas, que se descompone lentamente e impide que las raíces de los brinzales alcancen el suelo antes de que se agoten sus reservas, por lo cual mueren.

El ingeniero Ceballos conocía los bosques de pino-encino, o bosques templados del norte, asociaciones en las que se ha encontrado que el 50% son pinos, el 33% robles y el 17% otras especies. Esto se debe a que los robles y los pinos —Quercus y Pinus— son géneros septentrionales. Las Fagaceae son una familia con 670 especies, y Quercus, uno de sus géneros, tiene 500 especies aceptadas. De estas, una de las más meridionales es el Quercus humboldtii, presente en Colombia y en el Darién panameño. En Panamá hay ya 9 especies de robles; el promedio en Centroamérica es de 80 especies, y en México hay 200, de las cuales 117 son endémicas de ese país.

En Colombia no hay pinos: los que llamamos "pino colombiano" o "pino chaquiro" no son Pinaceae, sino Podocarpaceae. Las Pinaceae tienen 225 especies aceptadas, de las cuales 49 están en México, y 26 de ellas son endémicas de ese país, donde los bosques de pino-encino constituyen el 16% de sus bosques. Según algunos estudios, esta asociación entre pinos y robles tiene más de 1000 años; según otros, dicha convivencia supera los 3000 años. Ese fue el fundamento del ingeniero Ceballos para proponer la recuperación del robledal de Rogitama con pinos, y esa vocación de convivencia entre robles y pinos explica el éxito de la restauración.

Creo que si la CAR introdujera robles dentro de los pinares que ha sembrado para proteger sus embalses, esos bosques albergarían mucha más biodiversidad. Los robles introducidos tienen una descomposición bastante rápida de su necromasa, lo cual incide en la velocidad de descomposición de las acículas, de manera que el espesor del colchón de hojas de los pinos disminuye más rápido, al punto que las semillas que llevan los dispersores logran germinar y establecerse con éxito, dando lugar a bosques ricos en biodiversidad como los que existen en todo el hemisferio norte. Esos bosques atraerán las lluvias, y los embalses estarán más llenos.

Precisamente en Rogitama hay tres nacimientos de agua, secos desde 1982, que han vuelto a producir hilos de agua gracias a la reforestación realizada.

Sobre el autor

Roberto Chavarro Chavarro

Es fundador de Rogitama Biodiversidad, una reserva natural ubicada en Arcabuco, Boyacá, donde desde 1982 lidera un proceso de restauración ecológica pionero en Colombia. A lo largo de más de cuatro décadas ha documentado el regreso de bosques, aves, mamíferos e innumerables especies a un paisaje que antes estaba degradado. Sus escritos reúnen conocimientos sobre biodiversidad, conservación y restauración, junto con historias, anécdotas y aprendizajes nacidos de la observación cotidiana de la naturaleza. A través de este blog comparte experiencias reales que muestran cómo la paciencia y el cuidado pueden devolver la vida a un territorio.

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