El aviturismo en Rogitama tiene dos fundamentos fortuitos y uno determinante: el primero, mi vinculación con el Hospital San Rafael de Tunja en 1976 y la compra de unos potreros en Arcabuco en 1982; el segundo, una visita a la finca Ardilandia de los esposos Sady Riaño y María Mercedes Cárdenas en Moniquirá en 1995; y el tercero, el determinante, la visita a Rogitama de Jorge Iván Velázquez Tibatá, cuando vino a buscar loros en Arcabuco en 2002.

Black inca Principe de Arcabuco

Con el Doctor Reinaldo Gutiérrez Torres fui compañero y receptor de sus conocimientos y experiencia como residentes de la especialización en Anestesiología en el Hospital San Juan de Dios de la Universidad Nacional, cuando él estaba en el último año y yo en el primero. Cuando iba a terminar la especialización, el Doctor Gutiérrez me llamó para comentarme que estaba trabajando en Tunja, en el Hospital San Rafael, que había plazas disponibles y que me invitaba a ocupar una. Esa llamada se repitió, insistente y generosa, porque yo siempre le decía que mi intención era regresar al Huila, de donde era oriundo. Finalmente, un día me llamó para preguntarme si podía reemplazarlo un fin de semana, lo cual acepté gustoso. Los turnos eran de disponibilidad. El sábado no hubo llamada, pero el domingo, en horas de la madrugada, acudí para una cirugía que iba a realizar el Doctor Rafael Támara Galindo, quien al terminar me invitó a la cafetería del hospital. Dejé a la paciente con todos los cuidados en recuperación y bajé a la cafetería, que encontré abarrotada de médicos que habían madrugado a pasar revista a sus pacientes.

Casi todos eran amigos desde cuando eran residentes y yo estudiante de pregrado en la UNAL: "Hola, Chavarro, ¿qué hace por aquí?". "¡Estoy haciéndole un turno al Doctor Gutiérrez!". "¡Ah!, ¡usted es anestesiólogo!". "Aún no, pero termino la residencia en un mes". "Véngase para acá, aquí hacen falta anestesiólogos". "Muchas gracias, el propósito es irme a trabajar en el Huila".

En eso entró a la cafetería el Doctor Rafael Zubieta, director del hospital, y uno de los médicos le dijo que yo estaba reemplazando al Dr. Gutiérrez, que me habían sugerido venirme a trabajar en el San Rafael, pero que yo insistía en el propósito de irme a trabajar en el Huila. El Doctor Zubieta me preguntó: "Ala, ¿cómo dijiste que era tu nombre?". Le respondí y, mientras lo anotaba en una libreta, me dijo: "Ahora que desayune voy a la dirección para hacer la resolución de tu nombramiento como anestesiólogo del hospital". Total, ante tanta generosidad no quedó otro camino que llamar a la patrona, Ginette Tulcán, y decirle que nos vendríamos a trabajar en el Hospital San Rafael de Tunja. No hubo objeciones.

Proceso de recuperación de Rogitama con alisos

Ya establecidos en Tunja, todos los fines de semana libres nos íbamos —la patrona, la primogénita Marisol y yo— a conocer los pueblos de Boyacá. En uno de esos viajes terminamos en Toca, la patria chica del abogado y político boyacense Plinio Mendoza Neira, amigo de Jorge Eliécer Gaitán, a quien acompañaba el día que lo asesinaron. En el parque de Toca vimos unas eras con herbáceas y arbustos cuyas flores visitaban tominejos.

En 1982 vendimos una finca que teníamos en Neiva y, con ese dinero, compramos en Arcabuco unos potreros colindantes entre sí, que unificamos como Rogitama y que empezamos a reforestar de la manera como lo hacía mi abuela Rosalía. Yo era su ayudante en esa adicción suya por la siembra de matas diversas, que heredé íntegramente, tanto que la Rogitama de hoy es un homenaje a su memoria.

Volvimos a Toca y les preguntamos a unos vecinos que paseaban por el parque quién era el encargado de su mantenimiento. Lo contactamos y le preguntamos cómo se multiplicaban esas plantas de flores; respondió que eran abutilones y que se propagaban por esquejes. Le solicité unos, hablamos con el señor alcalde y él autorizó tal donación. Así empezó la siembra de abutilones en todos los espacios posibles. Sembramos abutilones de flores rojas, rosadas, amarillas, blancas y de colores intermedios, pues se hibridan. Los chupaflores de Toca eran oportunistas que robaban el néctar, no polinizaban y por eso los abutilones no producían semillas. Los de Rogitama sí, y atrajeron a muchos tominejos, todos iguales para mí. La mayoría de las plantas sembradas desde que compramos en 1982 eran maderables, de las que se conseguían en los viveros oficiales y privados, porque eso era lo que exigía la demanda: urapanes de Asia, acacias y eucaliptos de Australia, pinos y cipreses de México, jazmines de El Cabo. Plantas nativas o cosmopolitas, solo los abutilones y las fucsias.

Plantas que atraen colibries en Rogitama

Rogitama es la suma de diversos procesos. Desde 1982 y hasta 1995 se había recuperado el robledal con pinos, se habían construido tambres para cerrar las cárcavas, las cercas vivas las transformamos en corredores biológicos, hicimos un programa silvopastoril con alisos (Alnus jorulensis) y un programa agroforestal con tilos para forraje (Sambucus canadensis). Por estos dos últimos programas, Rogitama ganó en 1991 el Primer Concurso Nacional de Agroforestería en Colombia, patrocinado por la FAO y el Reino de Holanda.

Los alisos fueron infestados en 1995 por escarabajos defoliadores. En el Laboratorio de Fitopatología de la UPTC diagnosticaron el problema y recomendaron: "... no fumigar, porque las plagas suelen ser aladas, huyen y no son afectadas, mientras que sus controladores suelen ser ápteros y el insecticida los mata". "Por cada plaga hay al menos 25 especies de controladores biológicos, y por cada uno de esos 25 hay al menos 5 controladores más".

Entonces, cuando el efecto del insecticida pasa, la plaga regresa y, como no encuentra controladores, su población crece sin enemigos y el campesino tendrá que aumentar el insecticida, lo cual encarece el control. De Corpoboyacá hizo la inspección el ingeniero Miguel Arturo Rodríguez Monroy, quien se enamoró de nuestro proyecto: "He visto bosques convertidos en potreros, pero aquí es la primera vez que veo potreros convertidos en bosques. Si tuviera un predio, haría algo igual, e inclusive mejor". Compró una finca cerca de Rogitama para reforestarla.

Para el San Pedro de ese año, nos invitó a Ardilandia, la finca de sus suegros, don Sady Riaño y doña María Mercedes Cárdenas, en Moniquirá. Al día siguiente me despertaron las aves que merodeaban entre la vegetación circundante. La señora María Mercedes, que a esa hora ofrecía café, afirmó que en Ardilandia había más aves que en todos los alrededores porque compartían con ellas todos los frutos de la finca: "Las aves están donde encuentran comida y refugio". Con la patrona nos propusimos que en Rogitama sembraríamos plantas para atraer la fauna en general y la avifauna en particular —eso era vida— y que no sembraríamos más plantas exóticas, solamente nativas. Escribimos a la ABO solicitando información, y un socio nos visitó con literatura sobre las plantas útiles para atraer aves, con sus nombres científico y popular. Nos comentó que próximamente se iría para Italia. Hemos preguntado por él, sin éxito, para invitarlo a conocer el resultado de sus consejos. Ilusionados, comenzamos a buscar las plantas recomendadas, pero en ningún vivero las vendían. Insistimos y, un día de 1996, supe de un vivero de plantas nativas en la vereda Chigualá, por la vía de Villapinzón a Lenguazaque. Lo encontré: era un vivero del Banco de Coopdesarrollo, grande y con una enorme diversidad de plantas, de semillas recogidas en Villapinzón y Chocontá. Hicimos varios viajes a traer material. Después supimos de otros viveros de nativas en Medellín, Rionegro, Manizales, Pereira y La Aguadita (Fusagasugá), y allá fuimos a traer material para incrementar la diversidad vegetal de Rogitama.

Colibries de Rogitama Metallura tyriantina

Siete años después de empezar a sembrar solo plantas nativas, en 2002, Jorge Iván Velázquez Tibatá —el redescubridor del loro orejiamarillo, Ognorhynchus icterotis, y en ese entonces estudiante de Biología del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional— preguntó por correo por el avistamiento de loros. Le respondí que había visto loros en la vereda Rupavita de Arcabuco, y meses después escribió que pensaba venir a buscarlos. Llegó a Rogitama un viernes, ya anocheciendo, y el sábado, antes de irse para Rupavita, dijo que era notable la diversidad vegetal y que le gustaría recorrerla. Le señalé por dónde podía caminar, pero minutos después llegó corriendo a la casa. Preocupado, salí a su encuentro, pero no lo vi asustado; por el contrario, su cara era radiante, estaba feliz. Me dijo que había visto un colibrí endémico, en peligro por la pérdida de su hábitat, muy difícil de ver, al que llamaban Black Inca, Inca Negro, y me preguntó si le había tomado fotos. Le dije que no lo distinguía, que no sabía de aves, que para mí todos los colibríes eran iguales, y entonces me invitó a conocerlo: había regresado por un GPS y una cámara para registrarlo. Fuimos al lugar, pero no lo vimos; se había ido. Me explicó que ese colibrí era muy importante porque era endémico de un área muy restringida en la margen occidental de la Cordillera Oriental, entre Cundinamarca y Santander del Sur, y que estaba en peligro de extinción por la tala de los bosques de roble, su ambiente natural. Que dejaba para después la investigación de los loros y que se proponía seguir buscando otros ejemplares del colibrí. Cuando estábamos almorzando, con emoción me dijo: "Ese que está allí, en esas flores, ese es. Tómele todas las fotos que pueda. Es el Coeligena prunellei, le dicen Inca Negro, y en la mañana he visto varios individuos. Sin duda, abunda aquí".

El lunes informó en la universidad que había estado en una finca de Arcabuco, Rogitama, y que allí había visto varios individuos del Coeligena prunellei. El profesor Gary Stiles, del ICN de la UNAL; la profesora Loreta Roselli, de la Universidad Javeriana; y unos profesores de Biología de la República Dominicana que los visitaban, vinieron a Rogitama a constatar lo contado por Jorge Iván, y en el broche de la entrada vieron al colibrí. El hallazgo fue informado, y como resultado vinieron biólogos, ornitólogos, ornitófilos y estudiantes universitarios: Jurgen Beckers, Sergio Ocampo, Bernabé López Lanús, Pedro Emilio Rodríguez Africano (UPTC), Oswaldo Cortés Herrera, Alejandro Hernández, Shirley Villamarín, Adriana Daza Pacheco, Giovanni Chávez Portilla, Sandra Milena Alarcón, Adelaida Callejas, Samuel Hanson, Aurelio Ramos, Chris Pague, Charles Bedford (TNC), Gustavo Morales (JBB), estudiantes de la Universidad Humboldt de Berlín, y otros. Fue el inicio de una romería a ver el Inca Negro y otras aves que también habían encontrado refugio en Rogitama: el Coeligena bonapartei, el Heliangelus clarisse, el Gallinago nobilis, el Megascops albogularis, el Nyctibius griseus, el Synallaxis subpudica, entre otras. Esta romería fue el inicio del aviturismo en Rogitama. También veían orquídeas, mariposas, otros insectos, mamíferos, etc., lo cual corrobora que la vegetación es el soporte de toda biodiversidad. Alisos, guamos, yarumos y otros atraen a aves insectívoras; gallinos o corazón de pollo (Iochroma), guascos (Daphnopsis), cauchos (Ficus), laureles, jucos o garrochos, cucharos, miconias, leandras y otras atraerán tángaras y otros frugívoros; gallinos, abutilones, fucsias, verbenas (Stachytarpheta), salvias, cigarrillos (Cuphea) y otras atraerán aves nectarívoras. Eso puede convertir un lugar en destino para hacer aviturismo, y eso es lo que ha ocurrido en Rogitama con la restauración vegetal. El propósito final en Rogitama es convertirla en un refugio de la flora nativa nacional y de la fauna regional, y en ello seguiremos trabajando hasta el día del viaje sin regreso.

En 2003 nos visitaron funcionarios de TNC en Colombia y de la casa matriz en Estados Unidos. Cuando se estaban despidiendo, Aurelio Ramos, director de TNC Colombia, alabó el trabajo de restauración alcanzado y preguntó: "¿Qué pasará con este excelente trabajo de restauración cuando ustedes se mueran?". Ante nuestro silencio, sentenció: "El ecoturismo está creciendo de manera notable; construyan unas habitaciones para que las personas que deseen pernoctar puedan hacerlo". En 2004 pudimos atender la sugerencia.

Megascops albogularis fotografiado en Rogitama en Arcabuco

En la primera edición del Libro Rojo de Aves de Colombia (2002) se narra que, en 1992, vino a Colombia el ornitólogo norteamericano Peter G. Kaestner —el primero en registrar más de 10.000 especies de aves en el mundo, al menos un individuo de cada género y familia— con el propósito de observar al Coeligena prunellei, especie que le faltaba en su lista. Durante varios días recorrió los lugares que le recomendaron para hallarlo, pero no lo encontró. Por recomendación del profesor Gary Stiles, fui a Villa de Leyva a traer a Bernabé López Lanús, encargado de reseñar lo correspondiente al Black Inca en la primera edición del Libro Rojo, pero ese día llovió en Rogitama como nunca —nada raro en Arcabuco, apellidado "cielo roto"— y no lo pudo ver.

Hoy, algunos ornitólogos, como Oswaldo Cortés, sugieren con generosidad que Rogitama ha contribuido, por la riqueza floral que allí se ha sembrado, a la recuperación poblacional del Coeligena prunellei, que pasó de la categoría En Peligro (EN) en la primera edición del Libro Rojo de Aves de Colombia (2002) a Vulnerable (VU) en la segunda edición (2014). Los colibríes son muy territoriales: así como el macho destierra de su entorno a la hembra luego de la cópula, la hembra destierra al pichón después de enseñarle a volar y a buscar su alimento, y entonces el pichón huye a otros lugares en busca de refugio y bienestar, no pocas veces lejos del nido que lo vio nacer. Por la facilidad de ver en el municipio al Coeligena prunellei, en 2005 propusimos a los profesores Gary Stiles, de la Universidad Nacional, y Humberto Álvarez López, de la Universidad del Valle, la posibilidad de promover para este colibrí el nombre común y regional de Príncipe de Arcabuco, idea que aplaudió el profesor Álvarez López y que ha ganado aceptación entre la comunidad ornitológica mundial. Hoy puede afirmarse que nadie que venga a Rogitama a ver y/o fotografiar al Príncipe de Arcabuco, Coeligena prunellei, se regresa sin haberlo visto.

Bienvenidos a Rogitama, santuario natural de biodiversidad

Nido de Coeligena prunellei Black inca Principe de Arcabuco En Rogitama

Sobre el autor

Roberto Chavarro Chavarro

Es fundador de Rogitama Biodiversidad, una reserva natural ubicada en Arcabuco, Boyacá, donde desde 1982 lidera un proceso de restauración ecológica pionero en Colombia. A lo largo de más de cuatro décadas ha documentado el regreso de bosques, aves, mamíferos e innumerables especies a un paisaje que antes estaba degradado. Sus escritos reúnen conocimientos sobre biodiversidad, conservación y restauración, junto con historias, anécdotas y aprendizajes nacidos de la observación cotidiana de la naturaleza. A través de este blog comparte experiencias reales que muestran cómo la paciencia y el cuidado pueden devolver la vida a un territorio.

Vive la Experiencia del Aviturismo en Boyacá

Te invitamos a sumergirte en la belleza natural de Boyacá, donde podrás observar colibríes en su hábitat natural y aprender sobre la restauración ecológica. Únete a nuestras experiencias de aviturismo y descubre la magia de la biodiversidad en acción. ¡Reserva tu aventura hoy y conecta con la naturaleza!